Había un hombre rico que tenía un administrador

Uso de lo temporal en función de las riquezas del cielo. Una nueva parábola es la del administrador acusado ante el amo. A pesar de que fue alabada la astucia de este mal administrador en presencia de su amo, lo que causa asombro es que gasta injustamente las propiedades que debía administrar; al condonar injustamente y con engaño las últimas deudas. Fue elogiado porque, con lo que no era suyo, de hecho pensaba adquirir y de hecho adquirió, lo que habría de ser para él, o sea, amigos y partidarios. Pero Adán,  con lo que no era suyo, adquirió algo que no le aprovecharía: es decir, espina y dolores. Hijos de Adán, comprad las cosas que no mueren con aquellas efímeras que no son vuestras.

San Efrén de Nísibe.- Comentario al Diatesarón, 14,21.

Sale en busca de la que se perdió

El buen pastor devuelve a la oveja. El buen Pastor te busca; el que abandonó el redil de las ovejas que no se habían perdido. Si tú no te rindes, Él no descansará ni, puesto que ama a los hombres, despreciará el llevarte sobre sus hombros con la alegría de haber encontrado a la oveja perdida. El  Padre está allí y espera tu vuelta después de haberte descarriado. Vuelve, pues, y cuando todavía te encuentras lejos, correrá a lanzarse sobre tu cuello, y te estrechará con abrazos afables, ahora que ya estás purificado por el arrepentimiento… Dice: “En verdad os digo que habrá más alegría en el cielo en presencia de Dios por un solo pecador que se arrepiente”. Y si alguno de los que se creen inquebrantables te acusa de haber ido demasiado deprisa, el buen Padre te defenderá diciendo: “Había que celebrarlo y alegrarse porque esta hija mía estaba muerta y ha sido resucitada, estaba perdida y ha sido encontrada”.

San Basilio de Cesarea.- Cartas, 46,6.

El que no carga con su cruz y viene en pos de mí…

Los apóstoles lo dejaron todo. Si quieres ser discípulos del Señor, tomar su cruz y seguir al Señor es necesario que tomes tus dolores y torturas, o por lo menos tu cuerpo, que es como una cruz. Padres, cónyuges e hijos han de ser abandonados por el amor de Dios. ¿Dudas por culpa de las destrezas, negocios y profesiones tanto de los hijos como de los padres? Se nos ha dado una prueba de las posesiones, las destreza y los negocios que fueron abandonados por amor al Señor, cuando Santiago y Juan fueron llamados por el Señor y abandonaron al padre y la barca, cuando Mateo se levantó del telonio, y cuando por la fe no hubo tiempo de enterrar a un padre.

Tertuliano.- Sobre la idolatría, 12,2-3.

Todo el que se ensalza será humillado

La humildad y la soberbia. Entre las personas castas hay algunas que son humildes y otras que son soberbias. Los soberbios que no se prometan el Reino de Dios. La castidad consagrada conduce, sin duda, a un lugar más destacado, pero quien se exalta será humillado. ¿Por qué buscas con ansías de destacar el lugar más elevado, que podrías alcanzar sencillamente si te mantuvieses en humildad? Si te elevas, Dios te abate; si tú te abates, Dios te eleva. La afirmación es del Señor: nada se le puede añadir ni quitar.

San Agustín.- Sermón 354, 8.

Esforzaos para entrar por la puerta angosta

El camino para salvarse. “Esforzaos para entrar por la puerta angosta”. Esta respuesta parece un intento de eludir la cuestión. El hombre quería saber si serían pocos los que se salvan, pero Cristo le explicó el camino por el cual se podría salvar él mismo. Dijo: “Esforzaos para entrar por la puerta angosta”. ¿Qué contestamos a esta objeción? Era necesario y valioso saber cómo un hombre podría obtener la salvación. El Señor se mantuvo en silencio voluntariamente respecto a la pregunta inútil. Y afirma lo esencial, es decir, el conocimiento necesario para realizar aquellas obras que la gente necesita para entrar por la puerta angosta.

San Cirilo de Alejandría.- Comentario al Evangelio de Lucas, 99.

He venido a traer fuego a la tierra

El fuego de la Escritura. Bueno es el amor que posee alas de fuego ardiente para volar por el pecho y el corazón de los santos y que abrasa todo lo material y terreno que encuentra en ellos, y pone a prueba todo lo que es puro y mejora con el fuego todo lo que toca. Este fuego es el que ha mandado el Señor a la tierra y hace brillar la fe, si encuentra devoción, si está iluminada la caridad, si resplandece la justicia. Con este fuego inflamó el corazón de sus apóstoles como atestigua Cleofás, que dice: “¿No ardía dentro nuestro corazón mientras El nos explicaba el significado escondido de las Escrituras?”. Alas de fuego son, pues, las llamas de la divina Escritura.

San Ambrosio.Sobre Isaac o el alma, 8,77.

Donde está vuestro tesoro, allí está vuestro corazón

Guardar el tesoro en los cielos. Esto es lo que hace un tesoro: eleva hasta el cielo el corazón del hombre mediante la limosna o lo sepulta en la tierra por la avaricia. Por eso dijo: “Donde está tu tesoro, allí está tu corazón”. Hombre, manda delante tu tesoro, envíale a los cielos para que no hundas tu alma celeste en la tierra. El oro proviene de la profundidad de la tierra, el alma de las alturas del cielo. Por tanto es mejor que el oro emerja hasta los tronos del alma, que el alma se sumerja en ese sepulcro del oro. Por eso, a los que se han despojado de todos los cuidados de las riquezas y se han liberado de todas las cosas, Dios les manda luchar a favor suyo en el mundo y les concederá reinar en el cielo.

San Pedro Crisólogo.- Sermón, 22,3.

Estad alerta y guardaos de toda avaricia

La codicia equivale a idolatría. Jesús no nos deja sin instrucción. Al encontrar una buena oportunidad pronuncia un discurso provechoso y salvífico. Así dice:”Estad alerta y guardaos de toda avaricia”. Nos enseñó que la codicia es una trampa del diablo y odiosa a Dios. El sabio Pablo incluso la llama idolatría, tal vez por ser apropiada sólo para los que no conocen a Dios, o como equivalente en la balanza a la deshonra de quienes prefieren servir a maderos y piedras. Es la trampa de los espíritus malignos, por medio de la cual arrastran el alma de una persona hasta las redes del infierno. Por ello, para prevenirlos El afirma muy bien: “Estad alerta y guardaos de toda avaricia, de lo grande y de lo pequeño y de no defraudar a nadie. La codicia es odiosa a Dios y a la humanidad.

San Cirilo de Alejandría.- Comentario al Evangelio de Lucas, 89.

¿Y quién es mi prójimo?

Todos son nuestros prójimos. Hay quienes creen que su prójimo es su hermano o su vecino o su pariente político o carnal. Pero en el evangelio el Señor nos enseña una parábola en la que se habla de aquel hombre que descendía desde Jerusalén a Jericó… Por tanto, todo hombre es nuestro prójimo y no debemos obrar mal contra nadie. Mas si consideramos como prójimo sólo a nuestros hermanos y parientes, ¿nos es lícito el hacer mal a los extraños? Lejos de nuestra mente dicha idea. Todos somos prójimos mutuamente, pues todos tenemos un único y mismo Padre.

San Jerónimo,- Tratado sobre los Salmos, 14.

Designó el Señor a otros setenta y dos

Los setenta y dos discípulos significan el futuro presbiterado. Consta, pues, que así como el número doce de los apóstoles es el comienzo del grado de la dignidad episcopal, así también los setenta y dos discípulos también fueron enviados por el Señor a predicar la palabra, significaron con su elección el orden del sacerdocio menor, que se llama presbiterado. Por eso, con razón el número de éstos figuró en la última parte del habito sacerdotal, el de aquellos en la primera. Convenía que los que han de ser mayores por el orden en el cuerpo del Sumo Sacerdote, esto es, en la Iglesia de Cristo, tuvieran figuradamente un lugar más elevado en el habito del pontífice modelo.

San Beda el Vwenerable.- Sobre el tabernáculo, 3,742-751.