Nos alegra compartir con vosotros la noticia de que nuestro monasterio estará representado en la nueva edición de la exposición de Las Edades del Hombre.


Entre el 13 de junio y el 17 de noviembre de 2024, tendrá lugar la XXVII edición de la exposición en dos sedes: Villafranca del Bierzo y Santiago de Compostela.

El título de este año gira en torno a la hospitalidad.

Hospitalitas es un término con raíces griegas y con recorrido latino que la exposición aborda desde el concepto primitivo de solidaridad, tal y como ha ido trasladándose y evolucionando hasta nuestros días. De la misma manera, su relato irá trascendiendo hacia un prisma contemporáneo atendiendo a una realidad fragmentada.

A través de los capítulos que integran la exposición articulados mediante obras elaboradas por los mejores artistas de la historia del arte español que nos legaron extraordinarias piezas de escultura, pintura, orfebrería… nos acercamos a la hospitalidad, que además es una de las señas de identidad tanto de Villafranca del Bierzo, situada en pleno Camino de Santiago Francés, como de Santiago de Compostela, meta final de los peregrinos que  se dirigen a la tumba del Apóstol.
(De la web de la exposición)

Nuestro monasterio estará representado por la imagen de San Famiano, monje cisterciense de Oseira del siglo XII. Es una talla realizada por José Gambino, entre 1753 y 1756. En la actualidad, está colocada en uno de los cuatro altares de nuestra iglesia, en la parte derecha del retablo. En la exposición, estará en la sede de Santiago de Compostela, en el Monasterio de San Martín Pinario.

+info: https://lasedades.es/hospitalitas/

El 26 de marzo de 2024, Martes Santo, falleció el P. Rafael Manzano García-Triviño. Nació en Almería en 1927. Entró en Viaceli en 1952, hizo la Profesión solemne en 1957 y fue ordenado sacerdote en 1961. En 1976 hizo su estabilidad en Oseira. Monje alegre y entregado a las diversos servicios que prestó, destacando el de portero y maestro de novicios. Tenía 96 años de edad cuando el Señor le llamó.

La Misa de “corpore insepulto” será el miércoles 27 a las 11.30h

En la petición de estos griegos anónimos podemos descubrir la sed de ver y conocer a Cristo que experimenta el corazón de todo hombre. Y la respuesta de Jesús nos orienta al misterio de la Pascua, manifestación gloriosa de su misión salvífica. «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre» (Jn 12, 23). Sí, está a punto de llegar la hora de la glorificación del Hijo del hombre, pero esto conllevará el paso doloroso por la pasión y la muerte en cruz. De hecho, sólo así se realizará el plan divino de la salvación, que es para todos, judíos y paganos, pues todos están invitados a formar parte del único pueblo de la alianza nueva y definitiva. 

A esta luz comprendemos también la solemne proclamación con la que se concluye el pasaje evangélico: «Yo, cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí» (Jn 12, 32), así como el comentario del Evangelista: «Decía esto para significar de qué muerte iba a morir» (Jn 12, 33). La cruz: la altura del amor es la altura de Jesús, y a esta altura nos atrae a todos. 

Muy oportunamente la liturgia nos hace meditar este texto del evangelio de san Juan en este quinto domingo de Cuaresma, mientras se acercan los días de la Pasión del Señor, en la que nos sumergiremos espiritualmente desde el próximo domingo, llamado precisamente domingo de Ramos y de la Pasión del Señor. Es como si la Iglesia nos estimulara a compartir el estado de ánimo de Jesús, queriéndonos preparar para revivir el misterio de su crucifixión, muerte y resurrección, no como espectadores extraños, sino como protagonistas juntamente con él, implicados en su misterio de cruz y resurrección. De hecho, donde está Cristo, allí deben encontrarse también sus discípulos, que están llamados a seguirlo, a solidarizarse con él en el momento del combate, para ser asimismo partícipes de su victoria.

Benedicto XVI

«Recibir la ceniza es confesar nuestro parentesco con este mundo de polvo, es declarar que estamos listos para abdicar de las pretensiones de omnipotencia. Estando ante Dios de esta manera, confieso que no soy Dios. Admito el abismo que me separa de Él. Acepto la desasosegante alteridad De Dios. Él es lo que yo no soy, aunque mi ser lleve su impronta. Anhelo una plenitud que ninguna cosa creada puede dar».

Erik Varden
La explosión de la soledad