El 26 de marzo de 2024, Martes Santo, falleció el P. Rafael Manzano García-Triviño. Nació en Almería en 1927. Entró en Viaceli en 1952, hizo la Profesión solemne en 1957 y fue ordenado sacerdote en 1961. En 1976 hizo su estabilidad en Oseira. Monje alegre y entregado a las diversos servicios que prestó, destacando el de portero y maestro de novicios. Tenía 96 años de edad cuando el Señor le llamó.

La Misa de “corpore insepulto” será el miércoles 27 a las 11.30h

En la petición de estos griegos anónimos podemos descubrir la sed de ver y conocer a Cristo que experimenta el corazón de todo hombre. Y la respuesta de Jesús nos orienta al misterio de la Pascua, manifestación gloriosa de su misión salvífica. «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre» (Jn 12, 23). Sí, está a punto de llegar la hora de la glorificación del Hijo del hombre, pero esto conllevará el paso doloroso por la pasión y la muerte en cruz. De hecho, sólo así se realizará el plan divino de la salvación, que es para todos, judíos y paganos, pues todos están invitados a formar parte del único pueblo de la alianza nueva y definitiva. 

A esta luz comprendemos también la solemne proclamación con la que se concluye el pasaje evangélico: «Yo, cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí» (Jn 12, 32), así como el comentario del Evangelista: «Decía esto para significar de qué muerte iba a morir» (Jn 12, 33). La cruz: la altura del amor es la altura de Jesús, y a esta altura nos atrae a todos. 

Muy oportunamente la liturgia nos hace meditar este texto del evangelio de san Juan en este quinto domingo de Cuaresma, mientras se acercan los días de la Pasión del Señor, en la que nos sumergiremos espiritualmente desde el próximo domingo, llamado precisamente domingo de Ramos y de la Pasión del Señor. Es como si la Iglesia nos estimulara a compartir el estado de ánimo de Jesús, queriéndonos preparar para revivir el misterio de su crucifixión, muerte y resurrección, no como espectadores extraños, sino como protagonistas juntamente con él, implicados en su misterio de cruz y resurrección. De hecho, donde está Cristo, allí deben encontrarse también sus discípulos, que están llamados a seguirlo, a solidarizarse con él en el momento del combate, para ser asimismo partícipes de su victoria.

Benedicto XVI

«Recibir la ceniza es confesar nuestro parentesco con este mundo de polvo, es declarar que estamos listos para abdicar de las pretensiones de omnipotencia. Estando ante Dios de esta manera, confieso que no soy Dios. Admito el abismo que me separa de Él. Acepto la desasosegante alteridad De Dios. Él es lo que yo no soy, aunque mi ser lleve su impronta. Anhelo una plenitud que ninguna cosa creada puede dar».

Erik Varden
La explosión de la soledad

Y justamente esta verdad desencadena en mí a partir de ahora un anhelo insaciable de volver a verlo: a él, que no está lejos de mí, solo que yo no he llegado tan lejos como él; un anhelo que se consume de forma tanto más insaciable en cuanto no es anhelo de algo pasado, ya inexistente, o de algo futuro, aún inexistente, sino de algo que existe, porque yo mismo ya lo he experimentado y en ese momento no era algo temporalmente pasado, sino algo eterno que, por un instante, me ha dado acceso a mí, que soy perecible y terreno”

Hans Urs von Balthasar