¿Tenéis aquí algo que comer?

Cristo está presente para fortalecer la fe.- En primer lugar nosotros debemos notar y advertir aquí con diligencia que el Señor quiso presentarse en medio de sus discípulos cuando hablaban acerca de Él y revelarles la presencia mediante la visión de su persona. Esto es lo que había prometido en otro lugar a todos los creyentes, cuando dijo: “Donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18, 20). En verdad, para fortalecer la constancia de nuestra fe, que la presencia de la divina benevolencia trae siempre consigo, a veces quiso manifestarlo con la visión de su presencia corporal. Aunque en nosotros, que estamos muy lejos de los apóstoles, debemos confiar que también se realizará esto mismo gracias a su misericordia. Él mismo estará en medio de nosotros, cuantas veces nos reunamos en su nombre. Pues su nombre es “Jesús”, esto es, “Salvador”. Y cuando nos reunimos para hablar de la adquisición de la vida eterna, es evidente que nos reunimos en nombre de Jesús. No es lícito durar que Él está presente en nosotros cuando hablamos de aquellas cosas que Él ama, y tanto más es verdad que Él está presente, cuanto más retenemos en un corazón perfecto, lo que confesamos con nuestra boca.

San Beda el Venerable.- Homilías sobre los Evangelios, 2,9.

La paz esté con vosotros

La paz de Cristo. Jesús saluda a sus discípulos con estas palabras: “Paz a vosotros”, definiéndose a sí mismo como la paz. En efecto, los que están cerca de Cristo gozan de la paz y de la tranquilidad de espíritu. Es lo mismo que auguraba Pablo a los fieles cuando decía: “La paz de Dios, que supera toda inteligencia, guarde vuestros corazones y vuestra inteligencia” (Flp 4,7). En efecto, la paz de Cristo, que supera toda inteligencia, no es cosa distinta de su Espíritu, que colma con toda clase de bienes a los que participan de Él.

San Cirilo de Alejandría.- Comentario al evangelio de Juan, 12,1.

El vientre de la tierra da a luz. En verdad, él fue ocultado primero en el seno de una carne y después en el seno de la tierra, santificando así, por esa gestión a los que son engendrados, devolviendo la vida mediante su resurrección a los que estaban muertos, “pues han desaparecido el sufrimiento, el dolor y el gemido”. “Pues ¿quién conoció los designios del Señor? o ¿quién llegó a ser su consejero”, sino el Verbo hecho carne, que fue clavado en la cruz, que resucitó de entre los muertos y que ha sido elevado hasta los cielos? Este día trae un mensaje de alegría, porque en este día el Señor ha resucitado y ha elevado con Él a toda la raza de Adán; porque ha sido engendrado por el hombre también ha resucitado con el hombre. Hoy, gracias a este Resucitado, se ha abierto el paraíso, Adán es restaurado, Eva es consolada, la llamada de Dios es escuchada, el reino está preparado, el hombre es salvado y Cristo es adorado. Después de haber pisoteado a la muerte, hace prisionero al tirano y, despojado el mundo terrenal, ha subido a los cielos como un rey, glorioso como un jefe, invencible como un auriga, y dice al Padre: “Aquí estamos, yo y los hijos que el Señor me ha dado, oh Dios, etc.” También escuchó la respuesta del Padre: “Siéntate a mi derecha hasta que ponga a tus enemigos como estrado de tus pies”. A Él la gloria ahora y por los siglos de los siglos, Amén.

Hesiquio de Jerusalén.- Homilías sobre la Pascua, 1, 5-6.

Jesús ya no respondió nada

La victoria del silencio.- Nuestro Señor se presentó ante Pilato, para defender la verdad agravada. Otros vencen mediante palabras, pero nuestro Señor consigue la victoria mediante su silencio, pues la recompensa debida al silencio divino es la victoria de la doctrina verdadera. Él hablaba para enseñar, mas guardó silencio ante el tribunal. No calló lo que nos engrandecía, y tampoco luchó contra los que le molestaban. Las palabras de sus calumniadores eran como una corona redentora en su cabeza. Su silencio era tal que, callando, todos aquellos clamores hacían más hermosa la corona.

San Efrén de Nisive.- Comentario al Diatesarón, 20, 16.

Si el grano de trigo no muere

Jesús como grano de trigo. Él dice: “Mi muerte no debe turbaros. Pues un grano de trigo es solo uno antes de caer en tierra y descomponerse, sin embargo después brota con gran pujanza y multiplica su fruto, mostrando ante todos la riqueza de sus espigas, y desplegando el espectáculo de su belleza ante quienes lo contempla. Así debéis pensar también de mí. Ahora estoy solo, soy uno más entre la oscura multitud carente de gloria. Pero, cuando yo me someta a la pasión de la cruz seré resucitado con gran gloria. Y cuando produzca abúndate fruto, entonces todos me conocerán, no sólo los judíos, sino también los pueblos de todo el mundo proclamarán que yo soy su Señor. Entonces, ni siquiera los poderes espirituales se negarán a alabarme”.

Teodoro de Mopsuestia.- Comentario al Evangelio de San Juan, 5, 12, 24.

¿No es Cristo la vida?

¿Qué son las serpientes que muerden? Los pecados de la carne mortal. ¿Qué es la serpiente levantada en alto? La muerte del Señor en la cruz. La muerte fue simbolizada en la serpiente porque procede de ella. La mordedura de la serpiente es mortal, la muerte del Señor es vital. Se mira a la serpiente para aniquilar el poder de la serpiente. ¿Qué es esto? Se mira a la muerte para aniquilar el poder de la muerte. ¿Pero de qué muerte se trata? De la muerte de la vida, si es que se puede hablar de la muerte de la vida; y como es posible hablar así, el decirlo es cosa admirable. ¿Acaso no se ha de hablar de lo que hubo de hacerse? ¿Dudaré yo en hablar de lo que el Señor se dignó hacer por mí? ¿No es Cristo la vida? Y, no obstante, estuvo en la cruz. ¿No es Cristo la vida? Y, sin embargo, murió. Pero en la muerte de Cristo encontró la muerte su propia muerte. La vida muerta dio muerte a la muerte; la plenitud de la vida devoró a la muerte. La muerte fue absorbida por el cuerpo de Cristo.

San Agustín.- Comentario al Evangelio de San Juan, 12, 11-12.

Somos piedras vivas

¿Acaso los que pretendieron convertir la casa de Dios en una cueva de bandidos, consiguieron destruir el templo? Del mismo modo, los que viven mal en la Iglesia católica, en cuanto de ellos depende, quieren convertir la casa de Dios en una cueva de bandidos; pero no por eso destruyen el templo. Pero llegará el día en que, con el azote trenzado con sus pecados, serán arrojados fuera. Por el contrario, este templo de Dios, este Cuerpo de Cristo, esta asamblea de fieles tiene una sola voz y como un solo hombre canta en el salmo. Esta voz la hemos oído en muchos salmos; oigámosla también en éste. Si queremos, es nuestra voz; si queremos, con el oído oímos al cantor, y con el corazón cantamos también nosotros. Pero si no queremos, seremos en aquel templo como los compradores y vendedores, es decir, como los que buscan sus propios intereses: entramos, sí, en la Iglesia, pero no para hacer lo que agrada a los ojos de Dios.

San Agustín.- Comentario al Salmo 130, 1-3.

Se transfiguró ante ello

En su presencia. Entiende estas palabras en sentido espiritual; y al mismo tiempo, fíjate: no se dice simplemente “se transfiguró”, sino que se añade algo fundamental, referido por Mateo y Marcos: para ambos “se transfiguró ante ellos” (ante Pedro, Santiago y Juan). Hay que concluir, precisamente, que fue posible que Jesús en el mismo momento se transfigurara ante unos, y no ante otros. Más si deseas ver la transfiguración que tuvo lugar “ante” aquellos que habían ido a la cumbre del monte, aparte y en su compañía, debes tener presente que ese Jesús que es comprendido por los Evangelios de un modo más simple y, por decirlo de alguna manera, conocido “según la carne”, respecto a quienes no suben, con acciones y palabras superiores, a lo alto del monte de la sabiduría, también es conocido no sólo “según la carne”, puesto que es proclamado Dios en todos los Evangelios y contemplado en la condición divina, conforme a su conocimiento. Y Jesús se transfiguró ante ellos, y no ante ningún otro de los que permanecieron abajo.

Orígenes.- Comentario al Evangelio de Mateo, 12, 37.

Mientras era tentado por Satanás

Naturaleza de la tentación. Debemos conocer que la tentación se produce de tres maneras: por sugestión, por delectación y por consentimiento. Nosotros, cuando somos tentados, nos deslizamos generalmente en la delectación e incluso hasta el consentimiento, porque engendrados en el pecado, llevamos además con nosotros el campo donde soportar los combates. Pero Dios, hecho carne en el seno de la Virgen, que había venido sin pecado al mundo, no soportaba nada que fuera contrario a él mismo. Por tanto, pudo ser tentado por sugestión, mas la delectación del pecado no rozó siquiera su alma; así toda aquella tentación diabólica fue exterior, no permaneció dentro.

San Gregorio Magno.- Homilías sobre los Evangelios, 1, 16, 1.