Nadie sabe ni el día ni la hora

La ignorancia del futuro es nuestra condición humana normal. Cuando los discípulos le preguntaron sobre el fin, ciertamente conforme al cuerpo carnal les respondió: “Ni siquiera el Hijo”, para dar a entender que, como hombre tampoco lo sabía. Es propio del ser humano ignorarlo. Pero en cuanto que Él era el Logos, y Él mismo era el que habría de venir, como juez y como esposo, por eso conoció cuándo y a qué hora habría de venir… Mas como se hizo hombre, como los hombres tuvo hambre y sed y padeció, y de la misma manera que los hombres, en cuanto hombre, no conocía el futuro; pero en cuando Dios, puesto que era el Logos y la Sabiduría en el Padre, no desconocía nada.

San Atanasio.- Discurso contra los arrianos, 3,46.

Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo

            Cuando Él venga en su gloria. Jesús ya no dice: “El Reino de los Cielos se asemeja”, sino que él mismo se nos muestra al descubierto, diciendo: “Cuando venga el Hijo del Hombre en su gloria”… Porque ahora ha venido en deshonor, en injurias e ignominias; mas entonces se sentará en el trono de su gloria.

            Y su gloria es la que recuerda ahora continuamente. Es que como la cruz estaba tan cerca y parecía el suplicio más ignominioso de ahí que trate de animar a sus oyentes y les ponga ante los ojos el tribunal del juicio final con todo el mundo reunido ante él.

San Juan Crisóstomo.- Homilías sobre el evangelio de Mateo, 79,1.

Los cinco sentidos corporales

Este viajero entregó a sus siervos sus bienes, porque concedió a sus fieles dones espirituales. A uno le dio cinco talentos, a otro dos y a otro sólo un talento. Cinco son los sentidos corporales, a saber: la vista, el oído, el gusto, el tacto y el olfato; luego los cinco talentos significan el don de los sentidos, esto es, la ciencia exterior. Los dos talentos expresan el entendimiento y la acción. Y el único talento representa sólo el entendimiento.

San Gregorio Magno.- Homilías sobre los evangelios, 9,1.

Cinco de ellas eran prudentes y cinco necias

Las necias y las prudentes. Las vírgenes prudentes son las almas que, utilizando el tiempo de que disponen para realizar obras buenas, se han preparado para ir por primera vez al encuentro del Señor. Las necias, por el contrario, son las almas relajadas y perezosas, que solo se ha preocupado de las cosas presentes y, olvidando las promesas divinas, no han hecho crecer ninguna esperanza en la resurrección.

Hilario de Poitiers.- Sobre el evangelio de Mateo, 27,5.

Bienaventuranzas

Bienaventurado el pobre, rico en DiosConocemos a muchos pobres, pero no son bienaventurados  solo por ser pobres; porque no nos hace bienaventurados la penuria de la pobreza, sino la fe de una pobreza devota. Pues sabemos que muchos carecen, sí, de los bienes del mundo, pero no abandona de ninguna manera sus pecados y son extraños a la fe en Dios; es claro que éstos no se les puede llamar bienaventurados. Y por eso debemos indagar quienes son esos bienaventurados de quienes dice el Señor: “Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos”. Indica, sin duda, que son bienaventurados estos pobres: los que, despreciadas las riquezas del mundo y desdeñados los bienes del siglo, quisieron ser pobres ante el mundo para hacerse ricos ante Dios. Estos tales parecen pobres al siglo, pero son ricos ante Dios; ante el mundo carecen, ante Cristo están en la opulencia.

Cromancio de Aquileya.- Comentario al Evangelio de Mateo, 17, 2, 1-2.

Amarás al Señor tu Dios

            Corazón, mente y alma. Quien ha sido confirmado en todos estos dones, se alegra en la sabiduría de Dios, pues tiene el corazón lleno de amor de Dios, el alma entera iluminada con la luz de la ciencia y toda su mente con la palabra de Dios. Quien ha adquirido tales dones comprende con la ayuda de Dios que toda la Ley y los profetas forman parte de la sabiduría y ciencia de Dios, y comprende que toda la Ley y los profetas dependen del amor de Dios y del prójimo y que la perfección de la piedad consiste en el amor.

Orígenes.- Comentarios al evangelio de Mateo, 4.

Enseñas de verdad el camino de Dios

 Maestro sabemos que eres veraz. Le llaman maestro y dicen verdad. Pero le llaman maestro, como honrándolo y alabándolo, para que les abra con sencillez el misterio de su corazón, fingiendo querer ser sus discípulos. La alabanza fingida es la primera fuerza de los hipócritas. Alaban a los que desean perder, para inclinar paulatinamente, mediante el gusto de la alabanza, los corazones de los hombres a la simplicidad de una benigna confesión.

Anónimo.- Sobre el evangelio de Mateo, 42.

Los invitados a las bodas

            Todo está listo. Todos los bautizados conocen cuál es la boda del hijo del rey y cuál su banquete. La mesa del Señor está dispuesta para todo el que quiera participar de ella. A nadie se le prohíbe acercarse, pero lo importante es el modo de hacerlo.

            Las Sagradas Escrituras nos enseñan que son dos los banquetes del Señor: uno al que vienen buenos y malos, y otro al que no tienen acceso los malos. El banquete del que hemos oído hablar en la lectura del Evangelio contiene buenos y malos. Todos los que rechazaron la invitación son los malos, pero no todos los que entraron son buenos. Me dirijo a vosotros que, siendo buenos, os sentáis en este banquete, los que prestáis atención a aquellas palabras: “Quien come y bebe indignamente, come y bebe su condenación” (1 Cor 11,29). Me dirijo a todos los que sois así, es decir, buenos que no busquéis buenos fuera del banquete y toleréis a los malos dentro.

San Agustín.- Sermón 90,1.

Puso una cerca alrededor de su viña

           Y mirad, por otra parte, la gran providencia de Dios y la inexplicable indolencia de aquellos. A la verdad, lo que tocaba a los labradores lo hizo Él mismo: poner la cerca en torno, plantar la viña y todo lo demás. Sólo les dejó a ellos un cuidado mínimo: guardar lo que tenían, cuidar de lo que se les había dado. Nada se había omitido, todo estaba acabado. Mas ni aun así supieron aprovecharse, no obstante los grandes dones de Él recibidos. Porque fue así como al salir de Egipto les dio la Ley, les levantó una ciudad, les aparejó un altar; les construyo un templo, “y Él se ausentó”. Es decir, tuvo paciencia con ellos, no castigándolos siempre inmediatamente por sus pecados. Porque esta ausencia significa la inmensa paciencia de Dios.

San Juan Crisóstomo.- Homilías sobre el Evangelio de Mateo, 68,1.

Un hombre tenía dos hijos

            Los dos hijos. ¿Quién es este hombre, sino Dios, que creó a todos los hombres y los ama con afecto paterno; que, siendo Señor, prefiere que lo amen como a un Padre a que lo teman como a un Señor? Por estas razón, el primer mandamiento de la Ley no dice: “Temerás al Señor tu Dios con todo tu corazón”, sino “Amarás”. Pedir ser amado por los hombres no es propio de señor sino de padre.

            “Tenía dos hijos”. Uno era el pueblo de los gentiles, el otro el de los judíos. El hijo mayor era el pueblo de los gentiles; el menor, el de los judíos; pues los gentiles proceden de Noé, mientras que los judíos proceden de Abrahán. “Dirigiéndose al primero, le mandó: Hijo, vete hoy a trabajar en la viña”. “Hoy”, es decir, en el tiempo de este mundo. ¿De qué manera habló a sus hijos? No a la cara, como un hombre, sino en el corazón, como Dios. El hombre hace oír la palabra en los oídos; Dios, sin embargo, sugiere inteligencia en las mentes.

Anónimo.- Sobre el Evangelio de Mateo, 40. (PG 56, 849).