Había un hombre rico

El hombre rico conocía perfectamente la necesidad de Lázaro. “Ala puerta”, pues allí yacía poniendo en evidencia por medio de su cuerpo la humanidad del rico. Se encontraba postrado precisamente a la puerta del rico, para que aquél no pudiera excusarse diciendo: “No te vi, porque te hallabas en un rincón”, “no pude echarte una mano, pues nadie me advirtió de tu presencia”. Yacía ante tu puerta: lo veías al entrar y al salir de tu casa. Mientras a ti te cortejaba una muchedumbre de siervos y de clientes, aquel yacía cubierto de llagas ante tu puerta.

San Jerónimo.- Sobre lázaro y el rico.