Salió al amanecer a contratar obreros

El hombre, dueño de la propiedad, es Cristo, para quien el cielo y tierra son como una única casa. Su familia es la multitud de criaturas, tanto celestes como terrestres. Construyó una casa de tres pisos, es decir, infierno, cielo y tierra, para que sobre la tierra vivieran los que combaten, en el infierno los vencidos y en el cielo los vencedores. A nosotros nos puso en medio para que peleemos, no para bajar con los que están en el infierno, sino para subir con los que están en el cielo. Y para que no ignores lo que debes rechazar o lo que has de seguir, habitando entre luz y tinieblas, se te ha dado a gustar, en cierto modo, ambas cosas: la noche del infierno y la luz del cielo.

Anónimo.- Comentario sobre el evangelio de Mateo, 34.

¿Cuántas veces tengo que perdonar?

A Pedro que le preguntaba si debía perdonar siete veces a un hermano que hubiera pecado contra él, le respondió: “No hasta siete, sino hasta setenta veces siete”. Nos enseña a imitar en todo su humildad y su bondad y, mediante el debilitamiento y la ruptura de los impulsos de nuestras pasiones, nos fortalece con el ejemplo de su clemencia. En efecto, Él determina, mediante la fe, el perdón de todos los pecados. Ciertamente los vicios de nuestra naturaleza no merecían el perdón; sin embargo el perdón es total porque el Señor incluso perdona los pecados cometidos contra Él, a condición de que volvamos mediante la confesión…

El Señor, nos enseña que debemos nosotros conceder el perdón sin peso ni medida, y no debemos pensar cuántas veces hay que perdonar, incluso no enojarnos contra los que pecan contra nosotros, siempre que exista motivo de enojo. En todo caso, esta constancia en perdonar nos enseña que no debe existir en nosotros ocasión de resentimiento, puesto que Dios nos perdona por completo todos nuestros pecados, por su don más que por nuestro mérito. Tampoco es conveniente limitar con un número, como prescribía la Ley, el perdón que hemos de conceder, ya que Dios nos ha concedido un perdón sin medida mediante la gracia del Evangelio.

San Hilario de Poitiers.- Sobre el Evangelio de Mateo, 18,18.

Buscar la enmienda, evitando la deshonra

¿Qué debe hacer quien ha recibido una injuria? Lo que hemos escuchado hoy: “Si tu hermano peca contra ti, corrígelo a solas”. Si descuidas el hacerlo, peor eres tú. Él hizo la injuria y con ella se hirió con grave herida; tú ¿desprecias la herida de tu hermano? Lo ves perecer o que ha perecido, ¿y lo descuidas? Peor eres tú callando que él injuriando.

Por tanto, cuando alguien peca contra nosotros, sintamos gran preocupación, mas no por nosotros, pues es algo digno de gloria el olvidar las injurias, pero olvida la injuria que te hizo, no la herida de tu hermano. “Corrígelo, pues, a solas”, con la vista puesta en la corrección, respetando su vergüenza. Pues, quizá a causa de ella comience a defender su pecado y al que querías beneficiar le perjudicas. “Corrígelo, pues, a solas. Si te escucha, has ganado a un hermano”, pues hubiera perecido de no haberlo hecho.

San Agustín.- Sermón 82,7.

Apártate de mi Satanás

 Para que os deis cuenta cómo en la confesión del Señor no habló Pedro de su cosecha, mirad cómo en esto que no se le ha revelado se turba y sufre vértigo, y mil veces que oiga lo mismo, no sabe de qué se trata. Que Jesús era Hijo de Dios, lo supo; pero el misterio de la cruz y de la resurrección todavía no le había sido manifestado. “Era esta (dice el evangelista) palabra escondida para ellos”. ¿Veis con cuánta razón mandó el Señor que no fuera manifestado a los otros? Porque si a quienes tenían necesidad de saberlo, de tal modo los perturbó, ¿Qué les hubiera pasado a los demás?

 El Señor, empero, para hacer ver que iba a la pasión voluntariamente, no sólo reprendió a Pedro, sino que lo llamó Satanás.

San Juan Crisóstomo.- Homilías sobre el Evangelio de Mateo, 54, 3-4.

Tú eres el Cristo

El Cristo. No dijo Pedro: tú eres Cristo, o hijo de Dios, sino “el Cristo, el Hijo de Dios”. Pues hay muchos cristos de acuerdo a la gracia, que tienen la dignidad de la adopción, pero sólo uno es por naturaleza el Hijo de Dios. Por esto dijo “el Cristo, el Hijo de Dios”, con artículo determinado. Llamándolo “Hijo de Dios vivo” muestra que Él es vida y que la muerte no lo domina. E incluso si la carne fuera débil durante un corto espacio de tiempo y muriera, se levantará, pues, la Palabra que hay en ella y que no puede ser dominada por las cadenas de la muerte.

San Cirilo de Alejandría.- Fragmentos sobre el Evangelio de Mateo, 190.

Pero él no le respondió palabra

Despídela. Así pues, esta mujer ruega a favor de los gentiles. “Pero Él no le respondió palabra”. No porque el Señor no quisiera curarla, sino para que ella mostrara su gran fe y humildad. Entonces los discípulos se conmovieron por misericordia y pidieron al Señor, diciendo: “Envíala lejos, porque viene gritando detrás de nosotros”. El Señor les respondió: “No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel”. Así se refirió a la muchedumbre de los judíos, para que no tuvieran excusa alguna en el día del juicio, al decir: “Quiso ir a los gentiles antes que a nosotros”.

Epifanio el Latino.- Interpretación de los Evangelios, 57.

En la montaña

 ¿Por qué sube el Señor al monte? Para enseñarnos que nada hay como el desierto y la soledad cuando tenemos que suplicar a Dios. De ahí la frecuencia con que se retira a lugares solitarios y allí se pasa las noches en oración para enseñarnos que, para la oración, hemos de buscar la tranquilidad del tiempo y del lugar. El desierto es, en efecto, padre de la tranquilidad, un puerto de calma que nos libra de todos los alborotos.

San Juan Crisóstomo.- Homilías sobre el Evangelio de Mateo, 50,1.

Dadles vosotros de comer

           Dadles vosotros. Mas vosotros, os ruego, considerad la sabiduría del maestro y cuán discretamente los va conduciendo a la fe. Porque no les dijo de pronto: “yo les voy a dar de comer”, pues no les hubiera parecido creíble. “Jesús –afirma el evangelista- les dijo”. ¿Qué les dijo? “No tienen necesidad de irse: Dadles vosotros de comer”. No dijo: “yo les daré de comer”, sino: “Dadles vosotros de comer”.

            Es que todavía le miraban como a un hombre. Y de hecho, ni aun así caen en la cuenta, sino que siguen hablando con El como con un hombre y le contestan: “No tenemos más que cinco panes y dos peces”. De ahí que Marcos advierta que los discípulos no entendieron lo que el Señor les dijo, “pues su corazón estaba endurecido”.

San Juan Crisóstomo.- Homilías sobre el Evangelio de Mateo, 49,1.

Comparación entre el cielo y el comerciante de perlas

También se dice que es semejante el reino de los cielos a un comerciante que anda en busca de buenas perlas, y hallando una muy preciosa, vende cuanto tiene y la compra; porque quien llega a conocer perfectamente la dulzura de la vida celestial, en cuanto es posible, abandona con sumo gusto todo cuanto amaba. En comparación de aquella, nada tiene valor, y el alma abandona todo cuanto había adquirido, derrama todo cuanto había congregado, se enardece con el amor de las cosas celestiales, no siente placer en las cosas terrenas y considera como deforme todo lo que le parecía bello en la tierra, porque sólo brilla en el alma el resplandor de aquella perla preciosa. Acerca de este amor dice Salomón: “El amor es fuerte como la muerte” (Cant. 8,6); porque así como la muerte quita la vida al cuerpo, así también el amor de la vida eterna mata al amor de las cosas corporales. El que está perfectamente posesionado de este amor, queda como insensible a los deseos terrenos.

San Gregorio Magno.- Homilías sobre los Evangelios, 11,2.

El más grande de los arbustos

“La predicación evangélica ha sido administrada como planta medicinal a Israel, que estaba enfermo. Pero ahora, entre las ramas del árbol que se eleva desde el suelo hasta el cielo anidan las aves celestes. Nosotros entendemos que estas ramas significan a los apóstoles, que se extendieron por el poder de Cristo y cubren con su sombra el mundo. Los gentiles han volado hacia ellos con la esperanza de la vida y allí han descansado como en las ramas de un árbol, al resguardo de los furiosos vientos como son el soplo y el aliento del diablo”.

Hilario de Poitiers.- Sobre el Evangelio de Mateo 13,4.